Libertadores: Ocho películas sobre los héroes de la independencia de América Latina
Marcelo Gomes -  (Brasil)

TIRADENTES (1746-1792)

JUVENTUD

A principios del siglo XVIII la ciudad de Ouro Preto se convirtió en el nuevo El Dorado. La fiebre del oro se apoderó de todos sus habitantes y nadie quería cultivar la tierra. Incluso una ley del año 1715 prohibía el uso de esclavos en el cultivo de la caña de azúcar. Todo ello atraía a gentes de todas partes y condiciones que, también enriquecían culturalmente la vida de la ciudad. Ouro Preto simboliza, quizá como ninguna otra en Brasil, la historia de la salvaje colonización europea de América Latina. En la segunda mitad del siglo XVIII la ciudad de Ouro Preto fue cuna de un movimiento liberal y republicano, la Conjuración Mineira, a cuya cabeza estuvo un hombre apasionado, ferviente defensor de los derechos del pueblo: Joaquim José da Silva Xavier, apodado Tiradentes, o «Sacamuelas».

Nacido en 1746, desempeñó varias profesiones, aunque su oficio de dentista fue el que le procuró el apodo. Sin embargo aunque fueron pocos los beneficios materiales que obtuvo, sí se granjeó las simpatías de los habitantes de Minas Gerais y Río de Janeiro.

ASCENSO

Conocedor de las ideas revolucionarias francesas, Tiradentes era un hombre del pueblo. Su saber estaba formado a partir de la experiencia acumulada en su vida. Su capacidad como estadista le valió ser elegido como cabeza de la conspiración, imponiéndose a los poderosos y letrados hombres de la élite de Ouro Preto. Esta capacidad se vió reflejada en su:
  • tesón por proclamar un estado liberal moderno independiente de Portugal,
  • confianza en los criollos,
  • temeridad para acciones subversivas contra el orden vigente.
Todos estaban seguros de que unidos, pondrían las riquezas de Brasil al servicio de su propio pueblo. Los conspiradores mineiros deseaban crear una república con autonomía y libertad, donde las riquezas se pondrían al servicio del pueblo.

Su inspiración venía de:
  • el ejemplo norteamericano,
  • de las ideas libertarias que recorrían el mundo y surgirían, simultáneamente, en la Revolución Francesa,
  • su fe mayor era el derecho de los pueblos a vivir en libertad, gobernándose a sí mismos,
  • odio a la tiranía colonial portuguesa.

IDEARIO

Los conjurados tenían cuidado de no dejar ninguna prueba escrita que los pudiese incriminar, debatieron mucho hasta establecer las bases de lo que sería, primero, la República Mineira y, después, la Brasileira, a través de la adhesión de otras provincias que ellos estaban induciendo a la rebelión, principalmente la de Río de Janeiro y la de Bahía. Esta sería una república parlamentaria con la siguiente estructura:
  • un parlamento en cada ciudad y uno central;
  • no habría ejército oficial, todos los ciudadanos tendrían sus propias armas y servirían cuando fueran convocados;
  • los sacerdotes colectarían diezmos para mantener las escuelas, las casas de caridad y los hospitales en sus parroquias;
  • se crearía una universidad en Ouro Preto;
  • los esclavos serían liberados;
  • se concederían premios a las mujeres que tuviesen y criasen muchos hijos;
  • las deudas con la fiscalización portuguesa serían perdonadas y los monopolios reales, abolidos;
  • habría plena libertad de comercio con las otras naciones;
  • se crearían industrias, primero de hierro y pólvora, y después de cualquier tipo de manufactura; …
Tiradentes tenía la total seguridad de que se podía crear en Brasil una república mejor y más próspera que la de la América inglesa:

“Si todos quisiéramos, podríamos hacer de este país una gran nación.
Si todos tuviéramos el mismo ánimo, ¡Brasil sería de los brasileiros!”.

GUERRA DE LIBERACIÓN

En una entrevista en el Sur de Francia con Thomas Jefferson, los conspiradores buscaron el apoyo norteamericano para la guerra de liberación. Los revolucionarios debían pagar en oro por las tropas de mercenarios, navíos y armas que enviasen, así como comprometerse a cumplir un tratado comercial. Sin embargo la Insurrección Mineira fracasó tras varias escaramuzas y los conspiradores fueron presos, maltratados, interrogados y humillados hasta que se realizó el juicio por traición a la Corona portuguesa. Doce fueron condenados a muerte por horca y los demás al exilio y al castigo físico.

Prueba del trato vejatorio, incluso más allá de la muerte, que sufrieron los conspiradores es la sentencia de Tiradentes que le condenó a:

“… ser conducido por las calles, atado y anunciado por el pregonero hasta el local de la horca y en ella morir de muerte natural para siempre, y que después de muerto le sea cortada la cabeza y clavada en un poste alto, en el local más público, hasta que el tiempo la consuma; y su cuerpo será dividido en cuatro cuartos, y clavado en postes, hasta que el tiempo también los consuma. Declaran al reo infame y a sus hijos y nietos, confiscando sus bienes y la casa donde vivía será arrasada e impregnada de sal para que nunca más pueda edificarse en ese suelo…”.

Corría el año de 1792. Tuvieron que pasar treinta años para que Brasil viera realizado su sueño de independencia con la proclamación del Imperio y sobre todo, la República en 1889, que abolió la esclavitud adoptando las ideas progresistas y humanitarias de Tiradentes.

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